Voulez Bar

nota 4.0 de 5 en 9 opiniones
| Ranking: 185º de 1617 | Restaurantes


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Es acogedor y con el ambiente apenas ruidoso de los cafés, que busca parecerse a los bistrós parisinos de otro tiempo: vajilla adorable, ventanales grandes con rejas en rombo y espejos antiguos en las paredes. Luminoso, resulta el lugar indicado para hacer una parada a media mañana o media tarde. Atención viciosos del tabaco, que tienen un sótano con barra de tragos y sillones, que cuando lo abren suelen transformarlo en salón fumador. Si no, la vereda es un lindo lugar para sentarse.

Por ahí pueden pensar que una vez más quiero hacerles conocer a algun local francés en la ciudad, pero me encantan, no sé que hacer, jajaj. Voulezbar Patisserie es re lindo para mí y además posee las tres cosas con las cuáles no vivo sin: pan, chocolate y manteca. A Francia con el Voulezbar Patisserie!

Voulez está bueno para ir con las amigas, comer algo rico a la tarde sin apuros.

Pedí un agua de maracuyá, pero en jarra, que era riquísima. Un sandwich igualmente rico de lomito para compartir. Y posta, el pan super macio, de los mejores de sandwiches que probé en pastelerias.

Probé también una mousse de chocolate con naranja, y ojo que sobresale más naranja que chocolate, pero igual me gustó. Y me tenté con un pain au chocolat, sí super francés (Super rico, yo igual le llenaría con nutella porque soy gorda de alma jaja, pero me lo comería denuevo).

De nuevo, me tocó un sábado soleado, de esos invernales con 16° que hacen que te den ganas de salir a callejear, a que te dé el aire en la cara, casi casi a comer en la vereda... Pero, sábado al fin, y aunque madrugué con toda la intención de salir temprano, obviamente me ganó la modorra y la fiaca sabatina, y terminé saliendo tarde, lo que además incrementó notablemente mi hambruna natural, nada bueno para mis cambios de humor que mucho tienen que ver con la ingesta, o no, de comida!

Pero por suerte también, para los demás sobre todo, esté sábado no comí sola, y tuve coequiper para la salida gastronómica. Y digo ¨por suerte también para los demás¨, porque de a dos se come más, se pueden probar más platos, se critica lo que le falta, lo que sobra, o lo que uno le hubiera puesto en lugar de.

Llegamos a las 3 pm. El lugar está lleno. Hay muchas mesas en la vereda, todas ocupadas. Grupos, familias, parejas, perros!!! De afuera se ve tranquilo, pero al entrar el bullicio nos impacta. Nos sentamos junto a la ventana.

Miro el lugar, muchas ventanas casi de piso a techo, todas con un simpático plotter en la parte media que simula los vidrios biselados en rombo de estilo francés... la parte alta de los ventanales es de vidrio texturado translúcido... ya no se ven en muchos lugares hoy en día. Hay mucha madera oscura: los marcos de puertas y ventanas, la barra, las sillas y las mesas, típicas de bar, cuadraditas, simples. Las paredes son verde seco. De los techos altos cuelgan enormes y retro globos blancos. Nada es ostentoso, nada resalta, todo encaja, y tiene como un aire de la bohemia parisina pienso yo... o es que el lugarcito siempre me gustó, y como está en una esquina, siempre tiene mucha luz y desde todos lados se ve el Boulevard Cerviño (de ahí el nombre), de veredas amplias, arbolado, siempre verde, tupido...

Nos traen la panera, pan con sésamo blanco y tostado: me encanta!:La carta es amplia Daniel González es el chef. Tienen muchas opciones de desayuno y meriendas, sándwiches bien servidos en pan de campo, focaccia o árabe, acompañados de verdes; ensaladas, tartas y dos opciones de menú para los mediodías. Las tortas y la patisserie parecen buenísimas, tanto que hace poco abrieron al lado el Voulezbar 2 Patisserie, (abierto de martes a domingos); asumo que ahí es donde encontraré más variedad. Diego elige casi enseguida una hamburguesa casera con panceta grillada, pepinillos y algo más... yo en cambio no quiero un sándwich esta vez, y encuentro entre los 5 ó 6 platos principales de estación que tienen (varias pastas y una brochette de pollo con papas rotas), una HAMBURGUESA REBOZADA, rellena con salmón ahumado, papa y puerros con crema de espinaca y quenelle de queso crema especiado... obviamente llama mi atención, y quiero probar esta versión. La carta de vinos es amplia, pero pedimos sólo agua y 1 gaseosa en lata.

La comida no tarda. Sutilmente, o no tanto, logro convencer a Diego de que no pidamos su hamburguesa sino la mía. Él se deja convencer, y entonces, además, pedimos una ensalada, la PARISINA: una excelente combinación: mix de hojas verdes, cebolla morada con naranjas; generosa en palta, champignones frescos y palmitos, sólo le falta un poco de la vinagreta de mostaza y miel para terminar de encantarme... no sé porqué no le pedí más aparte.
 
Mi hamburguesa rebozada no luce como tal, sino más bien como un pastel o una especie de tortilla, y definitivamente no tiene carne al probarla... pero sí tiene todo lo prometido en el menú, y qué bien le queda el ciboullete al queso crema y al salmón... y el salmón a la papa (en un punto recordé los sabores de los brunchs de Olsen), y el puerro a la crema de espinacas... mmm, sólo le falta un poco de temperatura.

Y por supuesto, siendo dos, no íbamos a obviar el postre, Así que esta vez sí, Diego elige: HERMANA, un brownie de chocolate, dulce de leche, crema chantilly y mousse de chocolate cubierto con merengue italiano... sí, una bomba! Riquísimo, no sé por qué lo aclaro! Y como soy dulcera, me queda grabado en la mente el postre que yo hubiera elegido, haciendo honor al lugar: VOULEZBAR, crocantes discos de almendras con crema chantilly y frutos rojos. Yo acompaño con un té, los tienen de Tealosophy, y por default pruebo el blend que Inés Berton hizo especialmente para ellos: a base de Rooibos, perfumado con bergamotas de Italia, clementinas y naranjas. Diego pide un café, descafeinado, de Lavazza.

Y asi partimos, de vuelta al hogar, ya de excelente humor

Se convirtió en mi lugar de brunch preferido. Soy fan.
Las opciones de desayuno/merienda son geniales, en especial la que incluye tostadas francesas y la del revuelto de huevos y panceta. Los precios están superbien para la calidad de la comida y la bebida y para la zona.
Si no tengo suerte encontrando una mesa en la vereda voy al local pequeño que está al lado, la Patisserie, que es pequeño pero muy cute.

Lamento Marina que en mi cabeza la gente de Voulez bar haya tirado tu linda reseña por la ventana.
La pasé muy bien cuando hiciste el café por el hecho de poder conocerlos y charlar sobre la página y demás, pero el lugar para mí dejó mucho que desear.
Los mozos claramente no tienen mesas asignadas, por lo que te toca el que te toca y si te pasa como a mí y te toca uno que tiene un mal día o no tienen ganas de atenderte fuiste.
Siendo mi primera vez en el lugar no tenía forma de saber que podía elegir la variedad de té dado que lo especifican al final de todo del menú pasadas las comidas y como solo íbamos a merendar no me leí el menú completo.
La vajilla que utilizan es muy bonita, de estilo antiguo, lo que le da a favor el hecho de que te traigan mucha más agua que en los bares modernos. Lo que me pareció mal es que a dos personas que estaban en la misma mesa les trajeran 1 tetera para compartir, porque representa muchas menos tazas de las que pude tomar yo por ejemplo.
Las tostadas las trajeron antes que el té por lo que para cuando llegó ya estaban frías. Estaban super quemadas en los bordes, muy duras y húmedas en el centro.
A todos les trajeron un merenguito muy bonito cuando les servían... menos a mí.

Uno de mis lugares preferidos en la ciudad, se encuentra en Palermo Chico, sobre la esq de Lafinur y Av Cervinio.
Su carta de platos no es super variada, pero ya he probado todos y realmente uno mejor que el otro, nunca podes errarle a un plato, xq son todos excelentes.
El ambiente es muy tranquilo y relajado, por suerte si no vas muy tarde siempre hay lugar.
Lo mejor en primavera que no hace demasiado calor, ir a comer un brunch, sentarse afuera, cerrar los ojos y sentirse en Paris.
Primera opinión del lugar

Divino café en Palermo Botánico sobre el Boulevard Cerviño, es un must para los vecinos de la zona y habitués que lo elijen por la calidad de la comida y las mesitas en la calle que te hacen sentir como si estuvieses tomando el té en una esquina de París.

Los desayunos son increíbles, muy ricos, todo natural y abundante, y los precios aunque no lo creas son accesibles y mucho mejores que el resto de los lugares de la zona.

Recomiendo el desayuno natural que viene con yogurt y granola, tostadas, fruta y café, super rico. Los huevos revueltos también son una delicia y los sandwiches! La pastelería y postres son muy buenos también.

Abajo tienen un salón para eventos y abrieron al lado una cafetería más chiquita especializada en patrisserie.

Se llena mucho así que armate de paciencia, a veces los pedidos tardan en llegar, pero vale la pena conocerlo y volver mil veces!
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