Mishiguene

nota 4.0 de 5 en 3 opiniones
| Ranking: 604º de 1617 | Restaurantes


Opinión destacada

Mishiguene ocupa un local amplio, en la planta baja de un hotel palermitano, donde se buscó quitarle formalidad a la propuesta, basada en torno a un ambiente más excéntrico que solemne, más loco que cuerdo. Hay también un espacio que vale la pena aprovechar, es la cada vez más de moda Chef’s Table, la mesa del jefe de cocina para seis personas, donde se sirve un menú de seis pasos, que debe reservarse con 24 horas de anticipación y tiene un costo de $ 390 (noviembre de 2014).
La carta alude a “platitos” y “platos”. Es que hay opciones que pueden pedirse en porciones más chicas, lo que da la posibilidad de probar varias cosas de las muchas que nos tientan. Se entremezclan así platos de raigambre europea con los de Oriente Medio, más representados en número y alguno de los cuales son habituales en las calles de Israel (como la bureka abierta de espinaca, con masa philo, queso de cabra, ricota, huevo poché a 65º y manteca de almendras fileteadas).
El guefilte fish, que se presenta como una terrina en lugar de pescado picado, cocinado al vacío, envuelto en su propia piel con zanahorias en gel y reducción de jrein picante.
Hay postres tradicionales (renovados) y otros que tienden hacia el gusto local, como el chocolate intenso con helado de remolachas. También, leicaj (budín de miel con manzanas caramelizadas y helado); cigarro de masa de kadaif rellena de frutos secos, miel agua de azahar; degustación de masas tradicionales (muy dulces), y “La huerta de Katy”, con base de “tierra” de gran merengue relleno con crema pastelera, dulce de leche, frutas de estación, almendras fileteadas y helado de Jack Daniel’s.Completan una buena carta de vinos
Mishiguene emociona a quienes tienen sus orígenes judíos, pero al mismo tiempo deleita los paladares de quienes no teniéndolos, encontramos una cocina creativa, de alto nivel gourmet y al mismo tiempo de excelente relación precio calidad. Con el fin de año, llegó una de las mejores aperturas del año. Hay que estar loco para no ir a comer a Mishiguene.
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Mishiguene ocupa un local amplio, en la planta baja de un hotel palermitano, donde se buscó quitarle formalidad a la propuesta, basada en torno a un ambiente más excéntrico que solemne, más loco que cuerdo. Hay también un espacio que vale la pena aprovechar, es la cada vez más de moda Chef’s Table, la mesa del jefe de cocina para seis personas, donde se sirve un menú de seis pasos, que debe reservarse con 24 horas de anticipación y tiene un costo de $ 390 (noviembre de 2014).
La carta alude a “platitos” y “platos”. Es que hay opciones que pueden pedirse en porciones más chicas, lo que da la posibilidad de probar varias cosas de las muchas que nos tientan. Se entremezclan así platos de raigambre europea con los de Oriente Medio, más representados en número y alguno de los cuales son habituales en las calles de Israel (como la bureka abierta de espinaca, con masa philo, queso de cabra, ricota, huevo poché a 65º y manteca de almendras fileteadas).
El guefilte fish, que se presenta como una terrina en lugar de pescado picado, cocinado al vacío, envuelto en su propia piel con zanahorias en gel y reducción de jrein picante.
Hay postres tradicionales (renovados) y otros que tienden hacia el gusto local, como el chocolate intenso con helado de remolachas. También, leicaj (budín de miel con manzanas caramelizadas y helado); cigarro de masa de kadaif rellena de frutos secos, miel agua de azahar; degustación de masas tradicionales (muy dulces), y “La huerta de Katy”, con base de “tierra” de gran merengue relleno con crema pastelera, dulce de leche, frutas de estación, almendras fileteadas y helado de Jack Daniel’s.Completan una buena carta de vinos
Mishiguene emociona a quienes tienen sus orígenes judíos, pero al mismo tiempo deleita los paladares de quienes no teniéndolos, encontramos una cocina creativa, de alto nivel gourmet y al mismo tiempo de excelente relación precio calidad. Con el fin de año, llegó una de las mejores aperturas del año. Hay que estar loco para no ir a comer a Mishiguene.
Primera opinión del lugar
Casi escondido tras una elegante fachada de mesitas redondas y banqueta de mullidos almohadones se esconde MISHIGUENE.
Ahí se sirve 100% cocina judia, cocina de inmigrantes como lo bautizaron, y ya desde la entrada es una fiesta.
Paredes de boiserie negra revestidas de fotos de inmigrantes e innumerables escenas de antaño en blanco y negro, butacones de cuero y lamparas de opalina blanca que tiñen todo de una luz tenue.
La cocina a la vista abrira un espacio comunitario para hacer degustaciones de hasta 6 personas.
Les aconsejo probar los platos chicos, comenzando por la panera que viene en una canasta con un mix de pan de jala (dulzon y con semillas de sesamo y pasas), un tarro de pickles, mostaza de dijon casera y condimentos, "mi babaganoush" (berenjenas cocidas con yogur natural), "burreca de espinaca" (en masa philo con huevo y queso feta), "cigarro de marruecos" (un poco picante relleno de cordero) y nuestros preferidos: couscous con cordero y almendras fileteadas y los "verenikes" (una especie de noquis rellenos de papa con cebolla caramelizada)
Todo un manjar 100 puntos para el servicio que sabe y amable recomienda bien, algo raro hoy en dia.
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