Confiteria La Perla Del Once

nota 3.8 de 5 en 5 opiniones
| Ranking: 23º de 46 | Pubs


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Opinión destacada

Difícil es separar lo afectivo y la historia personal cuando se trata de describir ciertos lugares de nuestra ciudad.
Y La Perla es más que un bar, tiene un significado cultural y emotivo que es ajeno al local en sí y tiene que ver con lo humano, algo intangible, pero no por eso menos real.
Dejando a un lado lo social y personal, sigue allí con reformas pero sigue estando en esa esquina tan importante. Y ahora con un agregado: aprovechando la popularidad obtenida por una grabación en los albores de nuestro rock en los años '60, se realizan shows nocturnos convirtiéndose en un reducto donde se puede ver al mismisimo Javier Martínez, Litto Nebbia, Miguel Cantilo, Alejandro Medina, Claudia Puyó, Alambre Gonzalez y otros próceres del rock nacional.
Lo que no deja de ser importante poder ir a un ámbito donde recordar o conocer la historia viviente de nuestra música.
Hasta que esto ocurrió para la mayoría sólo era un bar, y sólo un pequeño grupo de prolíficos intelectuales conocía lo que alli se gestaba desde los años '20.
Atienden bien, el local es espacioso, y dentro de la calidad relativamente económico.
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Acerca del delivery de esta emblemático local del barrio de Balvanera. Los precios son súper accesibles y hasta tienen cafe con leche con medialunas para llevarte. La piza hace unos meses me salió 50 pesos, algo así. Buen precio para salir del apuro. También tienen platos elaborados, pollo al ajillo, provenzal, etc. Ensaladas caesar, capresse. Llegan rápido. Para un apuro está bueno.

Difícil es separar lo afectivo y la historia personal cuando se trata de describir ciertos lugares de nuestra ciudad.
Y La Perla es más que un bar, tiene un significado cultural y emotivo que es ajeno al local en sí y tiene que ver con lo humano, algo intangible, pero no por eso menos real.
Dejando a un lado lo social y personal, sigue allí con reformas pero sigue estando en esa esquina tan importante. Y ahora con un agregado: aprovechando la popularidad obtenida por una grabación en los albores de nuestro rock en los años '60, se realizan shows nocturnos convirtiéndose en un reducto donde se puede ver al mismisimo Javier Martínez, Litto Nebbia, Miguel Cantilo, Alejandro Medina, Claudia Puyó, Alambre Gonzalez y otros próceres del rock nacional.
Lo que no deja de ser importante poder ir a un ámbito donde recordar o conocer la historia viviente de nuestra música.
Hasta que esto ocurrió para la mayoría sólo era un bar, y sólo un pequeño grupo de prolíficos intelectuales conocía lo que alli se gestaba desde los años '20.
Atienden bien, el local es espacioso, y dentro de la calidad relativamente económico.
Primera opinión del lugar
Una tarde lluviosa de mayo del 2012 empezamos uno de los acostumbrados periplos gastronómicos , empezamos a la tarde en La Perla seguimos en una degustación en Cabernet de Palermo y terminamos cenando en La Casa Polaca
La Perla tiene una historia personal para los dos que aquí no voy a contar si voy a escribir algo sobre este recientemente nombrado bar notable
Era el lugar de reunión en la decada del 20 de

una caterva de jóvenes veinteañeros llenos de pasión por escribir, hacer música, pintar. Pasan noches enteras discutiendo y mostrándose los escritos, las ideas. Huyen de sus padres, de sus familias formales, del mundo árido de las academias artísticas y literarias…Sueñan con un mundo distinto, con crearse un lugar distinto, con un arte que se parezca más a la vida. Leen a los poetas ultraístas, a los poetas chinos de la Dinastía Tang, a Lao Tsé y su Tao Te King, investigan complicados libros esotéricos, adoran la “Misteriosa Buenos Aires” y sus poetas lunfardos, quieren crear nuevas formas de hablar y de expresarse, quieren tener la Visión Pura.
Esos jóvenes, que se reunían en La Perla del Once en los primeros años de la década de 1920, eran Borges, Xul Solar, Raúl Scalabrini Ortiz, Leopoldo Marechal y algunos otros. Los atraía la figura magnética de Macedonio Fernandez, un escritor y vagabundo mucho mayor que ellos, que los asombraba con sus elucubraciones metafísicas y los estimulaba a pensar fuera de los cánones establecidos. En el velorio de Macedonio, treinta años después, Borges recordaría que "La certidumbre de que el sábado, en una confitería del Once, oiríamos a Macedonio explicar qué ausencia o qué ilusión es el yo, bastaba, lo recuerdo muy bien, para justificar la semana". En esa misma ocasión, Scalabrini Ortiz destacó "en qué medida fue la de Macedonio una inteligencia destinada al milagro permanente de revelarnos zonas de la emoción, paisajes del espíritu".

Ya en la década del 60 el rock nacional empezó a nacer, en La Perla no sólo se compuso “La Balsa”, también “Jugo de tomate” y el lado B del primer simple de Tanguito, “El Hombre Restante”, con letra de Javier y música de Tango, sobre el último hombre que queda vivo en un mundo en el que estalló la guerra nuclear, paranoia constante de esos años. Y se escribieron muchos temas más, como bien recuerda Litto Nebbia en el libro de Pintos sobre Tanguito: “En esas guitarreadas era increíble la cantidad de canciones que surgían, escritas por Javier, por Tanguito, por Moris, por mí.”
Probablemente los contertulios de los años veinte no descubrieron las virtudes acústicas del baño de La Perla, porque, salvo Macedonio, no eran guitarreros, y sólo Xul Solar desarrollaría después una faceta musical como parte de sus exploraciones místicas. Los de los sesenta, imposibilitados de entrar en un estudio de grabación, guitarristas y cantantes de calle y plaza, descubrieron en el baño de La Perla la posibilidad de aullar a todo volumen o hacerse coros a si mismo aprovechando la “cámara de eco” natural que proveen los azulejos. Por eso “La Balsa” fue iniciada en ese baño, en una de las tantas divagaciones musicales de Tanguito sentado en el inodoro, escuchando fascinado las armonías que producía su rasgueo en el pequeño cubículo.
En ese periodo Javier pasaba horas inventando un nuevo idioma, imponiendo palabras como “copar”, “la pálida”, o frases coloquiales del estilo de “¿Cómo viene la mano?” Javier tenía la teoría de que había que crear un nuevo lenguaje, que reflejara nuestra visión del mundo. Quería imponer nuevas medidas de tiempo (un “senever”, que es desde que te levantas hasta que te levantas la próxima vez, que puede tomar cuatro horas o tres días) y de distancia (un “cansancio”, que mide desde que empezás a caminar hasta que te cansás, cosa que depende de tu estado y varía continuamente). Javier insistía con que había que tener medidas “más humanas”, que no dependieran del “metro patrón” que está en un museo de París. Muchos años antes, Xul Solar se encerraba desarrollando la “Panlingua” (el idioma de los idiomas), para lograr una comunicación natural.
Es hermoso tomar una merienda en el mismo espacio donde todo esto ocurrió. Fue una merienda completa con café con leche, tostadas con manteca y dulce, huevos revueltos , jamón y queso y medialunas.
Buena experiencia!!!!

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